lunes, 27 de septiembre de 2010

Los políticos obligan a pedir 4.600 euros por segundo a cada niño, adulto y pensionista

Gobierno y autonomías han aumentado la deuda a un ritmo sin precedente en la historia de España, pero lo que ha sucedido es una broma si se compara con lo que nos espera. En 2011 el Tesoro emitirá casi 150.000 millones de euros para financiar el despilfarro y la compra de votos.


Original de la noticia

Comentario:


Después de leer algunos documentados artículos sobre la cuestión y comprobar que el fenómeno no es exclusivo de España, sino de la mayoría de países del Primer Mundo, incluyendo alguno como Japón, que de forma análoga a la China actual, en la década de los 80 asombraba con el auge de una economía que parecía a muchos como el tigre que devoraría al mundo -en aquella época, títulos como “El auge de NEC“, de Koji Kobayashi; “Japón nº 1“ de Ezra F. Vogel o “El Caballo de Troya Japonés“ de Barrie G. James, fueron mis libros de cabecera-, creo que el problema gravísimo que padecemos, tiene sus raíces más hondas en una especie de “Pecado Capital“, tara o deficiencia congénita que arrastran nuestros sistemas y termina abocándolos al fracaso, a pesar de la existencia de cualidades que de otra forma garantizarían el éxito, como en el caso del ejemplo, la increíble laboriosidad y disciplina del pueblo Japonés.


Me refiero a una característica que al parecer, es innata en nuestro cacareado sistema democrático -un ciudadano un voto- que conduce a que las masas no solo acepten, sino que clamen por medidas a corto que a largo las conducen al suicidio.


Vaya por delante que coincido en que el sistema democrático es el menos malo de los conocidos, pero -digo esto aún a sabiendas de que levantará ronchas y será mayoritariamente malinterpretado-, estarán ustedes de acuerdo en que en muchos casos, poner en manos del pueblo la decisión de elegir quién tomará las decisiones y por tanto, las que se adoptarán, viene a ser equivalente a poner un arma en manos de un niño. También estarán ustedes de acuerdo en que incluso en la civilizada Europa, la historia muestra más de un ejemplo que corrobora lo que digo en forma de errores monumentales que nos costaron decenas de millones de muertos.


No voy a proponer aquí un sistema mejor o alternativo -ni es mi intención ni hay espacio para ello- solo poner de manifiesto que por lo que estamos viendo, “el pueblo“ parece no estar dispuesto a poner freno a un “bienestar” sin límites. Sobre todo, si este se vende fiado y sin echar demasiadas cuentas de por quién o cómo se pagarán las facturas cuando lleguen.


Si añadimos a lo anterior que por lo general, la “nomenklatura” vota por vivir ella misma a cuerpo de rey; que las estructuras del Estado -Administración, Enseñanza, Sanidad, Seguridad, etc- y las de otros poderes fácticos viven a costa de la misma cuenta de crédito y que tienden a la hipertrofia -sus tamaños nunca parecen ser suficientes, espoleados además por el propio pueblo que exige más y más servicios-, el desastroso resultado financiero parece estar más que asegurado.


Pocas veces sucede aquello de que un político pretenda llegar al poder prometiendo sangre, sudor y lágrimas aunque fuese la receta realmente necesaria, ya que con semejante pregón es poco el pescado que vendería. En cambio, el primer indocumentado o sencillamente el primer mendaz que prometa aumentar más y más los “derechos” y el “bienestar” de los ciudadanos se llevará de calle los resultados electorales. La triste realidad es que las masas, que son las que deciden, prefieren a alguien que enarbola un simplísimo “Yes we can” a cualquier otro que pretenda hilvanar un discurso mínimamente coherente y ajustado a la realidad y esto, a pesar de que el primero no sea capaz de explicar con un mínimo de detalle y coherencia “qué” es lo que podemos y “cómo” vamos a conseguirlo.


Creo que entra dentro de lo posible que del mismo modo que el hecho de nacer nos condena a morir, por un sarcasmo del destino, el mejor de los sistemas que conocemos incluya dentro de sí el mecanismo de nuestra vuelta a las cavernas. Como no me gustaría terminar este comentario de una forma demasiado negativa, añadir que creo que es urgente que nos pongamos manos a la obra de imaginar mejores sistemas de hacer las cosas y no caigamos en el error de creer que ya está todo inventado. Nos va en ello la supervivencia.

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